A veces en platicas de amigos nos jactamos de la vida, de nuestras consecuencias, de los efectos, del karma, de los castigos y de los pecados.
Otras veces platicamos no solo de las consecuencias. Algunas veces reflexionamos tan profundo como el alcohol o la distracción en turno lo permita, de las causas.
Me gusta provocar, en general y por ponerlo de alguna forma, provocar a la vida. Casi siempre, con estas provocaciones esporádicas suceden cosas interesantes. Estas provocaciones se vuelven mis causas. No hablo de causas como de motivos, sino de causas como origen, como en causa y efecto.
Ha sido la forma en que he aprendido.
Aprender, que por cierto dejandose de idioteces (que no es la palabra que me sentí tentado a escribir), usado en ese contexto es lo mismo que aprehender.
Aprender. Porque es la forma en que aprendemos con consecuencias de nuestras causas y pocas veces ajenas. Porque casi siempre lo de aprender en cabeza ajena significa más bien memorizar o tenerle miedo. Aunque habrá, no lo dudo, quien sí aprenda. Yo de esa forma, creo que pocas veces.
Claro que tengo mis miedos y mis pánicos que para que no me digan de alguna forma ofensiva les llamo lecciones aprendidas en cabeza ajena.
A veces pienso en la vida, en las causas y en las consecuencias.
Hoy pensando más en las causas, en nuestro comportamiento en general, en mi comportamiento en general. He concluído, o mas bien redescubierto porque es bien sabido y me disculpo por dejar una línea más o menos formal del lenguaje:
Que forma tan jodida de aprender la nuestra, a base de putazos.
-¡Pero aprendemos! -se escucha atras.
Bendita condición humana que nos permite justificarnos de todo.
Entonces aprendamos.
Total, igual estamos jodidos, es con miedos o con putazos.
Y a ti consecuencia feliz cumpleaños.
Post a Comment