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Disonante

Estoy en un starbucks, apenas hace algunos quince minutos entró un joven, se puede concluir por las miradas de la mitad de la clientela femenina que es bien parecido. No dejaron de mirarlo. Él un tanto desesperado estuvo caminando de aquí para allá hablando por su teléfono hasta hace poco.

Luego llegó una chica, una que no atrajo ninguna mirada, ninguna en absoluto. Por el contrario, al pasar frente a un señor de edad avanzada este se asomo molesto por un lado de ella para alcanzar a ver apenas de forma superficial a otra muchacha sentada poco más alla y apenas guapa.

El joven bien parecido y la chica se miraron, se saludaron de forma familiar, el aspecto de ambos era totalmente disonante, el de traje, con barba muy acicalada, delgado, lentes oscuros, bien parecido; ella en un pantalón un tanto flojo para esconder un poquito de gordito aquí y allá, blusa de colores vivos, de pelo desarreglado y más bien fea.

Después de pedir un café se sentaron juntos, cada uno de ellos con un frapuccino que pidieron por separado en la barra. Platicaron por largo rato con más fluidez por parte de ella que por parte de él, que parecia más nervioso que cuando esperaba.

Ella recibio una llamada a su celular y se agacho un poco durante la plática, como quien no quiere distraerse con el entorno y decide explorar el piso donde sabe que nada lo hará. Mientras tanto él la recorrió centímetro a centímetro, en ese momento la mirada de él comenzó a cambiar, la cara antes sonriente y nerviosa se fue relajando poco a poco como quien contempla una obra de arte y la va comprendiendo, se relajó apenas de forma imperceptible cuando empezó a mirar su cabello y un poco más para cuando iba en su boca, al llegar a su cintura ya lucía totalmente relajada. La mirada no siguió su recorrido, como si hubiera una muralla invisible intraspasable, en su lugar regreso a la mano que sostenía delicadamente el teléfono, o quizá fue el movimiento de ella acomodando el pelo tras su oído lo que llamó su atención.

Los cafés no se terminarón en largo tiempo, el hielo se derritió y los tragos que le dieron fueron insuficientes para agotar la bebida, era como si quisieran que durara para siempre. A juzgar por la apariencia lo harían.

Terminaron después de un rato. Al salir él se llevo consigo la mitad de las miradas de la clientela femenina. Ella en cambio no se llevó ninguna.

Solo la de él.

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