Quien sabe que aromas y efluvios lo alcanzan a uno aquí, yo estoy seguro que acá arriba respiro más lento tratando de no jalar más aire del necesario, apenas lo justo para no empezar a ver todo brilloso, hay que asegurandose de no respirar profundo hasta haber bajado del autobús, uno no quiere darle el golpe al aire viciado aquí dentro.
Arriba en el autobús uno hace lo que puede por mantener el espacio personal razonablemente vacío pero se vuelve imposible, reconocer donde termina una persona y comienza la otra es un arte que se debe dominar si uno quiere bajar del autobus sin utilizar demasiados –con permiso, perdone, disculpe usted– u otras expresiones similares, es decir, si se quiere bajar de forma decente.
Se requiere también cierta habilidad para estar de pie entre los demás, aunque no para mantener el equilibro, si uno soltara todo punto de apoyo no caería y probablemente ni se movería pues hay tanta gente alrededor y tan apretada que uno se mantendría de pie sin mayor esfuerzo, allá, al lado de la puerta de adelante el señor con barba que subió al final podría explicarlo de forma más clara aunque no podría hablar demasiado porque el gordito delante de él lo comprime contra la puerta, tanto así que el de barba deja salir el aire (o el gordito se lo saca no estoy seguro) junto con un –por favor recórranse– de forma más o menos desesperada, lo ha dicho varias veces pero entre más avanzamos por las calles su voz se va volviendo más y más baja, de vez en vez volteo para asegurarme que todavía lleva los ojos abiertos.
–¡Recórranse para atrás! –dice el chofer compadeciéndose del señor de barba o para subir más pasaje pero no hay forma ni lugar para recorrerse –ni para atrás ni para ningún lado– como la señora de vestido azul en la tercera fila lo confirma cuando le cae sobre las piernas otra señora, y aunque la señora caída apresura un –¡disculpe!– la señora de azul ya ha apretado los labios empujándola de nuevo hacía la multitud.
Cuando la parada se va acercando todos vamos entrando en pánico dos o tres cuadras antes de bajarnos pues todos los que van a quedar arriba se las han arreglado para estar más juntos y compactos, arrejuntandose unos contra otros sin pudor ni falsas vergüenzas cerca de las puertas, yo de verdad creo que no quieren que nos bajemos. Los que estamos en medio del camión –todos queriendo bajar– nos empezamos a ver con cara de susto cuando escuchamos los –con permiso– de las personas que estaban sentadas y se quiren unir a nosotros –los de pie– en el abandono del autobús, aquí a mi lado una señora con bolsas de mandado me lanza una mirada de miedo que puedo interpretar claramente como –¿y ahora pa’onde?– yo se la devuelvo con más miedo porque la incertidumbre de si nos dejarán bajar ya nos hace empujarnos a todos hacía la puerta mientras el chofer sin el menor asomo de miedo se abalanza sobre los carriles laterales en medio de ruidos de freno y otro –de verdad, por favor recórrase– del señor de la entrada que esta vez, aunque no volteo a verlo, me parece que ya no lleva los ojos tan abiertos.
Nadie quiere regresarse caminando dos o tres cuadras por permanecer aquí más tiempo del debido, es por esto que todas las personas que antes cabian distruibuidas por todo el camion ahora retando a todas las leyes de la física caben en tan solo la mitad mientra se se arremolinan sobre las puertas –las puertas digo– porque de buenas a primeras hemos decidido, contra la voluntad de los que quieren subir, que las dos puertas son para bajar –¡La bajada es por atras! –grita el chofer, pero ya es muy tarde el señor antes presionado por el regordete ya ha inagurado la puerta de enfrente como bajada y todos le seguimos.
–Por fin –dice alguien de los que ya pisa la banqueta mientras sube otra marea de gente al autobús y se escucha a lo lejos un –con permiso–, mientras otro –recorranse por favor –se queda colgado del aire seguramente del muchacho de mochila que subió último y cuya figura podemos ver presionada contar la puerta ya cerrada.
[Y por acá robándole el estilo a Caro: Esto lo pensé (imposible respirar, ya no digamos escribir ahí) mientras iba en el autobús al trabajo y escuchaba "All togheter now" de The Beatles... la canción fue coincidencia y solo eso...]